¿Descorcho yo el cava?

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“El caso, repito que anecdótico, ilustra como mínimo tres cosas bastante habituales en la restauración y la hostelería: 1) la ligereza con que se puede llegar a contratar, sin contrastar mínimamente si la persona tiene las competencias profesionales para ocupar un puesto de trabajo determinado, tanto da que las haya adquirido vía experiencia o vía formación; 2) que en sectores con gran competencia y en ausencia de salarios mínimos dignos, el empresario es capaz de coger al primero que pasa por la calle, siempre que se avenga a horarios y a precios generalmente abusivos, aunque no sepa abrir una botella de cava, y 3) que el consumidor tiene un nivel de exigencia muy bajo en calidad de servicio. Todo ilustra el tipo de estructura de empresa que existe en algunos sectores, incluido el del turismo low cost, que muchos todavía defienden.”

Modest Ginjoan (Economista)

(La Vanguardia 22/11/2017)

En una de esas comidas que hacemos un grupo de cinco amigos decidimos ir a un restaurante especializado en pollo. Como en ocasiones anteriores, pedimos el menú, con el añadido de que antes de empezar beberemos cava. La camarera nos pregunta qué marca queremos de las dos que tienen, escogemos una y al cabo de un rato llega ella con la cubitera y la botella de cava dentro. Coge la botella con una mano, se mira el cabezal de manera dubitativa mientras con la otra mano muestra un sacacorchos y dice “A ver, ¿ cómo se abre?”, lo que nos deja atónitos a los cinco de la mesa.

Le pregunto una cosa obvia, si no ha abierto nunca ninguna, y me dice que no; le pregunto qué nacionalidad tiene, y me dice que es española; le pregunto si nunca ha bebido cava, y contestación que sí, en fiestas, pero que en su casa las botellas no las abría ella. Le pregunto si quiere que le abra yo la botella, y me dice que sí. Lo hago mientras la camarera descubre que bajo el envoltorio del tapón hay una pequeña estructura metálica. La desenrollo, la saco y a continuación destapo el cava con una mano en el tapón y la otra sujetando la botella. Le doy la botella y nos sirve. La botella que pedimos un poco más tarde ya la destapa ella.

La anécdota no tiene más importancia que la sorpresa que nos provocó que un camarero (en este caso camarera) desconociera una cosa tan elemental en el servicio de restauración como destapar una botella de cava. Que eso pase en el llamado país del cava resulta muy raro, y que pase en un restaurante que en su carta ofrece cava, todavía más.

No, no piensen que echaré la culpa de esta situación anecdótica a la atenta y simpática camarera que gracias a la clientela aprendió cómo se destapaba una botella cava. La joven, de entre 25 y 30 años, quizás hacía por primera vez ese trabajo y vete a saber con qué tipo de contrato, cuánto cobra y qué tipo de incentivos tiene.

Como el hecho es que, trabajando en un restaurante, la camarera ni ha recibido ninguna formación (si es que hace falta) ni conoce cómo hacer una cosa elemental como destapar una botella, la atención la tenemos que poner en el contratante. El caso, repito que anecdótico, ilustra como mínimo tres cosas bastante habituales en la restauración y la hostelería: 1) la ligereza con que se puede llegar a contratar, sin contrastar mínimamente si la persona tiene las competencias profesionales para ocupar un puesto de trabajo determinado, tanto da que las haya adquirido vía experiencia o vía formación; 2) que en sectores con gran competencia y en ausencia de salarios mínimos dignos, el empresario es capaz de coger al primero que pasa por la calle, siempre que se avenga a horarios y a precios generalmente abusivos, aunque no sepa abrir una botella de cava, y 3) que el consumidor tiene un nivel de exigencia muy bajo en calidad de servicio. Todo ilustra el tipo de estructura de empresa que existe en algunos sectores, incluido el del turismo low cost, que muchos todavía defienden.

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Juan Carlos Iglesias (Bellavista del Jardín del Norte) intervé a l’acte de precampanya de Ciudadanos “El Turismo en Barcelona Retos y Oportunidades” amb Inés Arrimadas i Alberto Rivera

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Albert Rivera, Inés Arrimadas y Carina Mejías dan apoyo al sector turístico en un acto en Barcelona (Iglesias, a la dreta de la imatge)

18-11-2017 | Cs

“Barcelona tiene que volver a ser una capital española y mundial del turismo y no sufrir los lastres del proceso separatista ni las ocurrencias de la alcaldesa Ada Colau”. Así lo ha dicho el presidente de Ciudadanos (Cs), Albert Rivera, en un acto de apoyo al turismo que ha organizado la formación naranja en un momento “doloroso en términos económicos” y también político a causa del desafío separatista que está afectando a un sector que “representa el 16% del PIB español”.

En un acto en el que han participado también la portavoz nacional de Ciudadanos y líder del partido en Cataluña, Inés Arrimadas, y la presidenta de Cs en el Ayuntamiento de Barcelona, Carina Mejías, Rivera ha reprochado a la alcaldesa Ada Colau que esté “poniendo al servicio del independentismo y de los antisistema la ciudad de Barcelona”, lo que “supone pérdida de oportunidades, de empleo y de ingresos”.

Rivera ha abanderado el papel de su partido para “modernizar este país” e impulsar algunas reformas también en el sector turístico. “Cuando en un país un sector representa un 16% del PIB merece toda la atención de sus gobiernos”, ha advertido, y ha planteado dedicar un Ministerio a este sector, algo que hará “si algún día” es presidente del Gobierno, ha asegurado.

Por su parte, Inés Arrimadas ha alertado que “el turismo es un termómetro muy rápido, uno de los sectores más sensibles a la realidad política y social” y es por eso que la “inestabilidad política” en Cataluña ha perjudicado. “El Gobierno de la Generalitat que más ha perjudicado a Cataluña y en menos tiempo ha sido el de Puigdemont y Junqueras”, ha criticado, y ha recordado que “de la ‘estelada’ no se come, ni vienen inversiones ni turistas”.

La también portavoz nacional de Cs ha llamado a votar el 21 de diciembre para poner “fin al ‘procés’” e iniciar “una nueva etapa en la que volvamos a tener estabilidad, seguridad jurídica, creación de empleo y en la que se prioricen las políticas sociales”. “El 21D nos lo jugamos todo: las inversiones en Cataluña, seguir siendo potencia puntera en turismo, la creación de empleo, la paz social, el pasaporte español y europeo y, en definitiva, el futuro de los catalanes”, ha concluido.

En la misma línea, la líder de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Barcelona y también secretaria de Turismo del partido a nivel nacional, ha criticado las “políticas restrictivas de Ada Colau” -como en las licencias de alojamientos turísticos- y ha apostado por “hacer una buena política para facilitar ideas de negocio, crear empleo y fomentar la innovación”.

Veïns demanen el trasllat de la parada de taxis del carrer París 189 amb Enric Grandos a la cruïlla situada al carrer París amb Aribau

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Croquis del canvi plantejat per a la nova ubicació de la parada de taxis.
La parada de taxi situada al carrer París 189 amb Enric Grandos segueix provocant queixes en el seu entorn.
Ara, veïns de la zona han dirigit una petició a l’ajuntament per a que suprimeixi la ubicació actual de la parada i la traslladi a la cruïlla del carrer París amb Arribau, que té els quatre xamfrans lliures.
Els veíns recorden que la cruïlla situada entre els carrers París i Enric Granados només conserva els dos xamfrans situats a la banda sud, després que els ubicats al costat nord fosin suprimits arran de la reconversió del tram en zona peatonal. D’aquests, un es destina a parada de taxis, però, alhora, es fa servir de facto de pàrquing per als taxis fora de servei per part de taxistes clients del bar o’vall d’ouro3, local situat davant, mentre que l’altre xamfrà es troba sempre ocupat.
Aquesta situació provoca la saturació de vehicles i impossibilita les tasques de carrega i descarrega i, pel que fa als veïns, els impedeix estacionar breument per deixar o recollir persones (nadons, gent gran, persones amb mobilitat reduïda, …), maletes o altres objectes pesants, o atendre altres situacions de necessitat.
No és la primera protesta rebuda en relació a aquesta parada de taxis. Fa poques setmanes recollíem una altra incidència respecte al seu funcionament, publicada també en aquest blog, sobre la qual no s’ha rebut cap contesta per part de l’Institut Metropolità del Taxi.
Una vegada més, tornarem a exigir a l’ajuntament alguna resposta efectiva, enlloc del silenci que fa servir com a trist recurs.

Les raons de la turismofòbia

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Miquel Puig (Economista)

La Vanguardia (10/08/2017)

Els brots de vio­lència contra el ­turisme són censurables perquè la justícia no ha de ser mai ­ad­mi­nistrada pels particulars i perquè l’ús de la violència és i ha de ser monopoli de les autoritats. El contrari és ­renegar de la civilització per recaure en la llei de la selva.

Ara bé, que aquestes manifestacions siguin censurables no significa ni que siguin irracionals, ni que ­siguin una fabricació de grups polítics hostils al progrés o al mercat, i presen­tar-les com a tals constitueix un engany no menys censurable.

Les manifestacions de turismofòbia no són contra el turisme, sinó contra els abusos que provoca el turisme, perquè el turisme, com qualsevol activitat humana, té costos, i negar-los és negar l’evidència. Recordem que en l’última enquesta entre els barcelonins l’impacte del turisme ha passat a ser el seu principal motiu de preocupació.

Té costos i té, naturalment, beneficis. Ara bé, el que no és tan evident és que el nostre model turístic és increïblement ineficient en la part dels beneficis, i això és el que comença a percebre la població que en pateix els costos.

El mite que el nostre model turístic crea prosperitat generalitzada i que gràcies a ell el nostre atur no és més alt constitueix una falsedat molt repetida, però falsedat al cap i a la fi. Falsedat que es posa de manifest, per exemple, comprovant que Balears té una renda per càpita substancialment inferior a la de la província de Lleida (concretament, un 18%) i que, en canvi, la taxa d’atur és més gran a les Illes que a la Terra Ferma (5 punts de mitjana en els últims nou anys). Fins i tot en la temporada turísticament alta la taxa d’atur és més alta a Balears que a Lleida (2,5 punts de mitjana en els últims nou anys).

D’altra banda, no hi ha evidència que la renda per càpita de la Barcelona post- olímpica hagi crescut més de pressa que la d’una ciutat com Saragossa; de fet, tot sembla indicar el contrari. Ara bé, si el turisme post- olímpic no ha portat prosperitat als barcelonins, què coi de bo els ha portat?

És evident que els turistes gasten diners i que creen llocs de treball, però el nostre model és incapaç de convertir aquests diners en prosperitat i aquests llocs de treball en nivells d’ocupació decent. No es tracta d’una maledicció bíblica, perquè hi ha models turístics al nord dels Pirineus que sí que ho fan.

En definitiva, les manifestacions de turismofòbia han de mobilitzar les nostres autoritats en dues direccions, totes dues necessàries. La primera és repressiva, i ha d’anar dirigida contra la violència turismofòbica i contra els turistes que abusen dels seus veïns. La segona és replantejar el model perquè el turisme creï prosperitat (que, sens dubte, en pot crear) i per distribuir-la de manera decent. Ara per ara, el turisme només beneficia els propietaris immobiliaris, i tothom hauria d’entendre que això no és ni acceptable ni sostenible.

Adéu, Barcelona

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Adéu, Barcelona

(Diari ARA 24/05/2017)

Viure al centre de Barcelona és tota una aventura. Si anem a comprar un producte en una botiga del centre, hem d’esquivar turistes constantment per arribar sense demora al nostre destí. Si decidim anar a una terrassa que fa bona pinta, la resposta que rebem és “Hello, it’s closed ”. Tornem passejant a casa i… quina pudor de pixum! Decidim fer un vermut al Raval, desgraciadament massa a prop de la Rambla: 10 euros. Vaja, ens han pres per turistes. Ens recomanen una gelateria i hi anem: som els únics locals fent cua. A la Rambla les floristeries han donat pas a parades amb gelats i creps per a turistes. Ens fa la impressió que vivim en un decorat fet per al turisme barat, regat d’alcohol i paelles congelades.

D’aquí poc, però, ens fan fora del pis on fa temps que viu la meva parella. No ens en fan fora, sinó que ens apugen el lloguer 200 euros. I no ens rebaixen ni un cèntim encara que arreglem el terra, que està en pèssimes condicions, o el minúscul bany. Si ens els arreglessin esclar que ens hi quedaríem, pagant els 200 euros més. Però, esclar, el mercat de Sant Antoni està a punt d’obrir les portes i hi ha qui pagarà això i més per aquestes condicions.

Nosaltres, però, seguirem passejant per Barcelona. L’altre dia, tot pujant per un carrer del Gòtic, trobem un bar, un bar autèntic que il·lumina un petit carreró que s’amaga de mirades curioses. La meva parella diu: “Mira que bonica que és la Barcelona de veritat”. Aprendrem a estimar altres barris. Així som els locals, els que ens quedem i tornem als barris.

ANDREA GUILERA ALONSO